Jordi Martí publicó:"A veces me da la sensación que algunos pretenden otorgar a la docencia valores muy alejados del resto de profesiones. No es de recibo que, curiosamente, haya algunos que siempre relacionen la experiencia en esta profesión con la mala praxis. Menos aún me "
A veces me da la sensación que algunos pretenden otorgar a la docencia valores muy alejados del resto de profesiones. No es de recibo que, curiosamente, haya algunos que siempre relacionen la experiencia en esta profesión con la mala praxis. Menos aún me cuadra el tema de considerar como expertos en educación a personas que jamás han estado en un aula, salvo cuando tuvieron el rol de alumnos. Ya si eso nos ponemos con los emolumentos que ganan algunos de esos "expertos" y los comparamos con el salario de los docentes que, un día sí y al otro también, lidian con circunstancias muy complejas que van más allá de explicar su asignatura delante de un auditorio silente, hablar de metodologías que nunca han usado o, escribir libros.
Fuente: Fotolia CC
Claro que puede existir un mal profesional que lleve décadas en el aula. No discuto que, por mucho que uno lleve cientos de miles de kilómetros conduciendo, sea un auténtico cafre con su vehículo pero, de lo anterior al ninguneo de esa experiencia hay un largo trecho. Voy a ir mucho más lejos... los primeros años de profesión (tanto en docencia como en cualquier otra) acostumbran a estar plagados de errores, experimentos en los cuales uno la caga e intentos de no se sabe qué. Y por mucho que nos duela, cada experimento realizado de forma visceral, descontando esa experiencia dentro de los factores que van a decidir si funciona o no, va a estar condenado al fracaso más absoluto porque, en educación los milagros no existen. Ni en educación ni en ninguna otra profesión. Existe el trabajo bien hecho, el esfuerzo en montar ciertas cosas (que pueden no funcionar) y, a veces, la suerte -muy asociada al conocimiento del asunto- te lleva a conseguir resultados. Y no me refiero a resultados cuantificables a corto plazo. Un detalle que quizás la diferencia un poco de otras profesiones.
No me gusta el desprecio a la experiencia. No me gusta tampoco que la experiencia sea algo que, al final, justifique ciertas cosas. Eso sí, reconozco que, por mucho que se intente, el cambio en prácticas educativas, la soltura y la posibilidad de "cambiar el mundo" va a depender de todo el bagaje profesional que lleve uno. La virginidad educativa es lo que tiene… ganas de comerse el mundo pero, lamentablemente, demasiadas cosas para aprender que impiden que esa clase maravillosa en nuestra cabeza, pueda plasmarse en nuestras aulas. Ya, lo mismo que un mueble de Ikea cuando uno va a comprarlo y se fija en cómo queda una vez montado. Quizás al décimo que montemos ya podamos decir que no nos han sobrado piezas.
Ahora que está tan de moda el hacer piruetas en el aula, el montar ciertas cosas "innovadoras" con los alumnos, la conversión de personajes que no sabes qué relación tienen con la educación en maestros del asunto o, simplemente la mediatización edulcorada de ciertas cosas, hace que a algunos les salga la necesidad imperiosa de minusvalorar la experiencia pero, ¿cuántos de los que decís que la experiencia no es importante os apetecería ser intervenidos quirúrgicamente por alguien que acaba de aprobar la carrera? Y no, no es una comparación que no pueda hacerse porque, al final, a operar al igual que a dar clase, se aprende a base de práctica.
Para saber qué sucede en el aula y mejorar su praxis educativa uno debe estar en ella. Claro que no hay suficiente con eso pero, como mínimo, es algo imprescindible.
Si has llegado hasta aquí con las prácticas de GIMP publicadas en este blog, es momento de ponerse a trabajar con animaciones. Con dicho fin he elaborado varias prácticas, que iré liberando a medida que avancemos en el aula.
En esta primera práctica aprenderás a crear globos animados como el de la derecha, y animaciones con ondas, así como repasarás algunas de las herramientas vistas hasta la fecha.
Si has llegado hasta aquí con las prácticas de GIMP publicadas en este blog, es momento de ponerse a trabajar con animaciones. Con dicho fin he elaborado varias prácticas, que iré liberando a medida que avancemos en el aula.
En esta primera práctica aprenderás a crear globos animados como el de la derecha, y animaciones con ondas, así como repasarás algunas de las herramientas vistas hasta la fecha.
Jordi Martí publicó:"Creo que alguien una vez me habló de la necesidad de estar curtido si uno pensaba en bucear en Twitter. Ya son muchas (demasiadas para mi gusto) las noticias acerca de un mal uso de la red social, la búsqueda sin cuartel por parte de algunos de aquel tuit"
Creo que alguien una vez me habló de la necesidad de estar curtido si uno pensaba en bucear en Twitter. Ya son muchas (demasiadas para mi gusto) las noticias acerca de un mal uso de la red social, la búsqueda sin cuartel por parte de algunos de aquel tuit comprometedor o, simplemente, la necesidad absoluta de algunos de decir Diego donde antes decían digo. Quizás por eso se ha poblado la red de perfiles anónimos y hay personajes cuyo único objetivo es "limpiar" determinados tuits que puedan dañar su lucro personal o, simplemente, arruinar cualquier discurso que puedan tener en la actualidad. Y, por eso, en días como hoy, hay muchos que lloran.
Fuente: ShutterStock
Hace unos días hablé con una amistad, de esas que tengo en uno de esos "cargos a dedo" de la administración educativa, acerca de las posibilidades de volver al aula. Ya, a veces nos lanzamos pequeñas pullas y, a pesar de ello, en el fondo nos tenemos un cariño especial. Me habló de la gran cantidad de miedo que tenían algunos de sus compañeros que salieran determinados tuits a la luz. Es que, por lo visto, para algunos volver a dar clase es un trauma. Eso de encontrarte con alumnos en lugar de acudir a eventos, dar ponencias o, simplemente, gestionar cursos para amiguetes (con la pirámide trófica que genera lo anterior), no es algo para lo que uno se prepara cuando huye por patas del aula. Costó enmascarar esos tuits de camisetas verdes para que les colocaran los del PP y, supongo que ahora están preocupados porque su carnet naranja quizás no va a salvarles de la quema. Quién sabe. Hay auténticos camaleones en el asunto que hacen y dicen lo indecible para no volver a encontrarse dando clase. Pero no iba a hablaros de ello aunque el tema esté bastante relacionado con el leitmotiv del artículo.
Cuando uno entra en Twitter tiene tanta libertad y libertinaje como posibilidades de cagarla. Los trolls están a la orden del día. Las críticas, por mucho que se intenten escribir únicamente tuits para no pisar callos, también existen. Si uno está en Twitter sabe a lo que se expone. El problema es que si no estás tampoco tienes posibilidades de hacer u obtener ciertas cosas. Y ya sabemos que para sacar tajada unos son capaces de cualquier cosa. Incluso de entrar en un Far West en el que van a estar siempre en el ojo de mira. Más aún si tienen la mala suerte en algún momento de ser nombrados para un determinado cargo público. Sus tuits van a ser examinados por lupa por el populacho y por intereses muy alejados de si se puede hacer bien o no su trabajo. He cambiado docentes por políticos y no os habéis dado ni cuenta. Y esto que es un blog. Imaginaos este discurso en Twitter a base de hilos de 280 caracteres...
No es fácil estar en Twitter. Engancha fácilmente y, debido a la facilidad de poner un tuit mediante cualquier dispositivo móvil, hace que estemos siempre con la espada de Damocles ante cualquiera que pueda leerlo. Algunos ahorran en psicólogo, psiquiatra y pastillas. Algo bueno tiene que tener el asunto para estar disfrutando tanto de la plataforma. Una plataforma que tiene tanto de deleznable como de maravilloso. Lo importante en Twitter, como dirían algunos más escatológicos que yo, no es solo el cagar. Es el saber tirar de la cadena. Y venir llorado de casa porque, si uno va a pasárselo mal tuiteando, mejor dedicarse a otras cuestiones que le aporten más.
Ahora que la censura está a la orden del día... a Twitter no se viene solo llorado de casa. Se ha de venir con una muda en la maleta por si acaso.
De esos tuits que te alegran el día
Hay ocasiones en los que, por suerte, te encuentras a algún personajillo de esos que pululan en las redes que, van muy bien para ilustrar algo que has escrito y sacarlo como ejemplo. En este caso usaré el de uno "metido a dedo en el INTEF sin ningún tipo de acceso libre y meritocrático" (por cierto, como todos) que para intentar cuestionar mi siguiente tuit saca toda su artillería pesada muy relacionada, por lo visto, con su nula capacidad de defender más allá de ofender y sentirse ofendido que, como sucede siempre, la caga en dotar de argumentos válidos a ciertas cosas...
Fuente: Twitter
Un tuit que, por lo visto, de forma recurrente siempre pongo cuando hay algún tema político o social de interés y, muy relacionado con la manera de algunos de usar Twitter de forma que les sirva para no mojarse y estar siempre "trincando" de ciertos asuntos que, por cierto, nunca se había respondido por nadie "dedocráticamente elegido" o "vendedor de nubes de colores" pero que, supongo que en este caso, debido a un miedo atroz después de morderse las uñas a lo largo de todo el día de ayer, por si tiene que volver al aula, contesta con lo siguiente:
Fuente: Twitter
Algo que, por lo visto, te hace comprender lo poco que gusta el aula a algunos porque por lo visto "dar clase" no es vivir en el mundo real, ni tampoco intentar solucionar problemas de tus alumnos o, puede ser que manifestarte y luchar por los derechos laborales en la calle, no debe estar incluido en el pack. A propósito, a veces tuiteo de pie aunque, en este caso lo hago desde el despacho porque me cuesta escribir artículos largos con el móvil. Y ya cuando te justifica la capacidad de algunos para no volver al aula, a uno ya no le queda menos que ratificarse en decir que el INTEF es un auténtico nido de desertores de la tiza camaleónicos porque, aunque él no lo recuerde, yo sí que recuerdo grandísimos profesionales que estaban en el INTEF (cuando aún no se llamaba así) que fueron echados a la calle sin contemplaciones por el simple hecho de no querer hacer la genuflexión a los del PP. Supongo que esos no cuentan...
Fuente: Twitter
¿Te apetece un pañuelo? Seguro que encuentras a alguno de esos compañeros "tan profesionales" que te lo prestan. Yo iré a disfrutar de mi aula.
Para aquellos que me acuséis de haber sido muy malo con el pobre "chaval" que he usado como ejemplo, debo deciros que no me arrepiento de ello. O quizás sí, pero a estas horas ya no voy a cambiar el post porque aún tengo que ducharme, tomarme el café y llegar puntual a clase.
Salesianos Zaragoza, pone en marcha el I Campus de Especialización Tecnológica dirigido a alumnos de ciclos formativos y bachillerato que quieran profundizar en materia tecnológica, bien para ayudarles a decidir cuál va a ser su futuro profesional o bien para comenzar su andadura hacia un futuro tecnológico, ofreciéndoles la oportunidad de coquetear con las tendencias más punteras en tecnología.
No dudamos de que la neurociencia puede convertirse en una herramienta imprescindible para mejorar el proceso de aprendizaje. Pero tenemos que tener cuidado porque, muchas veces, se intentan banalizar sus propuestas ya sea para aumentar las ventas de textos, como para captar incautos con propuestas no científicas. Lo digo porque va apareciendo una nueva terminología basada en el prefijo neuro. En un rápido análisis de búsqueda de fuentes de información electrónicas y programas de divulgación, encontramos hoy varios términos como neuroeducación, neurodidáctica, neuroformación y neuropedagogía en el campo educativo, pero también neurocultura, neuromarketing, neuroeconomía, neurofilosofía, neurolingüística, neuropolítica, neurohistoria, neurogastronomía, neuroestética, neuroarte, y muchas más neuro.
O sea, poner el prefijo neuro a toda temática para llamar la atención o darle más importancia al que se propone. Por supuesto que por poner el prefijo no cambiará el contenido semántico de la disciplina. Cuando una ciencia avanza tenemos que estar atentos a las modas pasajeras, a las injerencias propagandistas y a los aprovechados que utilizan las palabras sin contenido para obtener, mediante estrategias de seducción, beneficios privados. Y esto puede pasar con la neuroeducación. Y la educación y la formación son siempre un mercado muy goloso y las modas llaman mucho la atención.
No niego que los descubrimientos y aportaciones científicas de la neurociencia pueden tener implicaciones para la teoría y la práctica educativa. Estas aportaciones nos pueden ofrecer explicaciones nuevas que permitan profundizar en el conocimiento sobre las condiciones bajo las cuales el aprendizaje puede ser más efectivo. Esto permitiría fundamentar el diseño de estrategias educativas, no convencionales, dirigidas a atender las diferentes dimensiones educativas y el desarrollo de la personalidad. También confirmaría muchas prácticas pedagógicas que se han ido realizando en aplicación de la investigación pedagógica y, como toda disciplina que trabaja con seres humanos, mediante la observación y la experiencia.
Y puedo ir más allá, diciendo que las aportaciones de las neurociencias pueden constituirse en un futuro en una reestructuración y una nueva perspectiva de las humanidades y las ciencias sociales en general y en las Ciencias de la Educación en particular. Como un revulsivo que haga repensar muchas de las prácticas educativas y sociales que estamos realizando.
Pero sería necesario no descubrir la pólvora o la gaseosa. Está bien que las disciplinas neurocientíficas nos confirmen ciertas prácticas que desde hace tiempos hacemos en la educación y nadie hacía caso de su efectividad, pero ahora necesitamos que estas disciplinas, no únicamente nos reafirmen, sino que tendrían que ofrecer explicaciones nuevas que permitan profundizar en el conocimiento sobre las condiciones bajo las cuales el aprendizaje puede ser más efectivo y evitar el fracaso, producto de procesos educativos equivocados o que no son los más adecuados y que se practican en la educación desde hace siglos. Si estas disciplinas se dedican al aprendizaje cerebral nos tendrían que hacer reflexionar sobre la mejora de la pedagogía y también de la pedagogía equivocada o de la pedagogía inútil, producto más de la intuición y la transmisión que de la investigación.
Y antes hablaba de no descubrir el que ya está descubierto. Cuando uno se introduce en la neurociencia se da cuenta que tampoco los educadores lo han hecho tan mal en muchos aspectos. La Pedagogía hace tiempo que sabe que los posibles efectos de la experiencia educativa sobre el desarrollo personal del alumnado están fuertemente condicionados, entre otros factores, por su competencia cognitiva general o por su nivel de desarrollo operativo. Y que los estadios de desarrollo intelectual, con fluctuaciones en los márgenes de edad, son bastante generalizables en su orden de aparición. A cada uno de los estadios de desarrollo corresponde una forma de organización mental, una estructura intelectual, que se traduce en unas determinadas posibilidades de razonamiento y de aprendizaje a partir de la experiencia.
Y, hoy en día, mediante la neurociencia, se nos dice que el cerebro nace con una herencia genética, pero que se hace con la experiencia epigenética y que es plástico (parece que la plasticidad es una de las características más excelentes del cerebro humano para posibilitar el aprendizaje). Se adapta a las situaciones cambiantes y a los desafíos de la existencia, pero, al mismo tiempo, da forma a nuestra vida a escoger nuevas conductas, experiencias, emociones y vivencias. Y confirma el que siempre hemos ido observando y comprobante en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Hace tiempo sabemos y aplicamos que el que le pasa a la infancia o adolescencia no es únicamente el que se ve de su comportamiento, sino el que le rodea que le provoca este comportamiento. La Pedagogía le ha ido diciendo atención a la diversidad e inclusión, sin dejar de banda la importancia del contexto en la educación de los seres humanos. Cuando en la Pedagogía del siglo XX entró como ideas fuerza la diversidad y el contexto, hubo un cambio paradigmático de la forma de ver los procesos educativos. Y en esto se está todavía actualmente.
Nos dicen que la anatomía del cerebro es inmensamente compleja, y todavía no se conocen bien las estructuras y las interconexiones de sus numerosas partes. Y esto pasa también en los procesos educativos que también son muy complejos y más en la realidad del siglo XXI, donde los cambios sociales han sido vertiginosos. Bienvenida sea toda disciplina y toda obra que aporte conocimientos para mejorar la educación de la humanidad y no si sólo lo hacen para mejorar las entradas presupuestarias de los autores o de las empresas.
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Jordi Martí publicó:"Ayer alguien me dijo en Twitter que "nadie tiene que explicar a nadie qué hace y por qué lo hace". Creo que, con toda la razón del mundo, podemos aceptar pulpo como animal de compañía pero, ¿qué sucede cuando dichas actuaciones dan la sensación de encubri"
Ayer alguien me dijo en Twitter que "nadie tiene que explicar a nadie qué hace y por qué lo hace". Creo que, con toda la razón del mundo, podemos aceptar pulpo como animal de compañía pero, ¿qué sucede cuando dichas actuaciones dan la sensación de encubrir intereses muy alejados de la mejora educativa? Ya, hablo de la mejora educativa cuando, lo lógico, sería extrapolarlo a todo tipo de situaciones.
Fuente: Facebook
Nunca me ha parecido mal que alguien se venda o venda determinados productos bajo supuestos más o menos creíbles. No tengo ninguna duda que hay ciertos personajes de la edufarándula cuya máxima es el trinque o, simplemente, la necesidad que se hable de ellos. No es malo, como he comentado en más de una ocasión, que lícitamente alguien venda, otros compren y, al final, algunos intermediarios del asunto también saquen tajada. Uno no debe justificarse por trincar o por no hacerlo. Menos aún cuando no hay dinero público dentro del intercambio monetario. Claro está que el dinero público debería justificarse en todo momento. Solo faltaría que alguien fuera contratado, por ejemplo, para montar un curso de formación y no se hiciera transparente el proceso de selección del profesional o de la empresa (sic.). Transparencia no es justificación. Crítica, por cierto, tampoco es sinónimo de la necesidad de justificarse de forma continua.
Al igual que uno que venda desaprendizajes (sí, eso parecido al mear hacia adentro), metodologías innovadoras revolucionarias o, simplemente, pruebas PISA, ESCALA o similares, puede haber otro que lo cuestione. No es que el que vende lo anterior o difunde sus bondades deba justificarse; debe simplemente asumir la posibilidad que haya gente que no piense como él. No es malo divergir en opiniones. Aún menos intentar reflexionar acerca de ciertas cosas, mercantilizaciones excesivas o, simplemente, plantearse que algunas anécdotas que nos cuentan tienen muy poco sentido para nuestras aulas. Claro que es lícito defender la existencia de religión en los centros educativos, conciertos, neuromandangas o las inteligencias múltiples. Hay temas que tienen suficiente evidencia científica para ser fácilmente refutados pero, ¿quién impide con la legislación actual vender, por ejemplo, la cura del ébola mediante plantas? Pues va a ser que nadie. Además, uno no tiene que justificarse por hacerlo. Menos aún ante quienes saben que lo anterior es un timo porque, al final, uno no está vendiendo nada más que lo que determinadas personas van a comprar. Y ahí no hay argumentación para oponerse. Otra cuestión es que se haga con dinero público o que se esté en contra de determinados medicamentos que, científicamente, son los únicos que pueden mejorar tu salud. Nada que ver con vender hojas o agua embotellada. O, quizás sí. Ahí está la respuesta mágica... la permisividad total o el ejercicio de algún tipo de control por parte de alguien antes de poner algo en el mercado.
No me voy a justificar jamás por beber horchata. Aún menos por cuestionar en este blog o en las redes sociales determinadas actuaciones educativas, a mi entender, bochornosas. Tampoco voy a hacerlo por aceptar o no aceptar determinadas ofertas laborales. Quizás quiera, en ciertos momentos, explicar por qué hago qué pero, por mucho que lo haga, no hay nadie que me obligue a ello. Justificarse permanentemente tampoco tiene nada de productivo. Eso sí, una cosa es no justificarse por nada de lo que uno hace y, otra muy diferente, pretender que haciendo ciertas cosas nadie lo cuestione.
Por cierto, ¿os habéis dado cuenta que muchas de las justificaciones que dan algunos acerca de ciertas cosas que hacen son totalmente inconsistentes? Y ya no entro en aquellos que solo usan el concepto de que "lo otro no va del todo bien" para justificar vender algo que "aún funciona menos". Es que, como ya he dicho en alguna ocasión, el papel, el vídeo o Twitter lo aguanta todo.
Ya has visto Lola que, por desgracia, Twitter no me da para argumentar y sigo prefieriendo el blog a los hilillos. Eso y la incontinencia literaria de baja calidad
Jordi Martí publicó:"Hace más de una semana que no ha entrado ni gota de horchata en mi torrente sanguíneo. Lo digo porque ya no es solo cuestión de estar necesitado del producto. A estas alturas estoy en pleno mono. Un mono que me puede llevar al despropósito de comprar uno "
Hace más de una semana que no ha entrado ni gota de horchata en mi torrente sanguíneo. Lo digo porque ya no es solo cuestión de estar necesitado del producto. A estas alturas estoy en pleno mono. Un mono que me puede llevar al despropósito de comprar uno de esos bricks de agua azucarada de color lechoso que venden en alguna de esas grandes superficies. Y con el mono, uno piensa. Y desbarra.
Fuente: ShutterStock
Ayer me puse a pensar en las normativas educativas. En qué las hace tan infumables o ininteligibles. En esos tipos que, normalmente sin haber pisado un aula en su vida, asesoran al Ministerio de Educación en las redacciones de cada nuevo despropósito legislativo que se aplica en el aula. Gurtelianos en acción, estafadores del ciudadano que da la sensación que solo legislen para cargarse cualquier posibilidad de mejora social futura. Infamia tras infamia. Línea plagada de errores ortográficos tras otros más que le siguen. Y eso lo publican en un diario oficial. Bueno, ya si eso lo convertimos en oficioso o desquiciante.
También me puse a pensar en el porcentaje tan bajísimo de docentes que se leen esos articulados. Reconozco que son infumables y que las normativas son, en la mayoría de ocasiones y si pensamos en el bien de nuestros alumnos, para pasárselas por el forro pero, de ahí a no leérselo. Que un docente de una determinada asignatura desconozca el currículum de la misma y se crea que lo que está en forma de temas en el libro de texto es lo que dice la LOMCE, es de traca. Por cierto, ¿alguien me puede decir por qué, a día de hoy, las administraciones educativas siguen tirando cientos de millones de euros anuales en subvencionar la compra de libros de texto en lugar de, con un ínfimo coste de lo anterior, generar sus propios materiales educativos? Ya si eso hablamos de las administraciones que han cedido el control de todos los datos de sus alumnos a Google o a otras multinaciones. Si vamos a decir ciertas cosas, digámoslas de una vez.
Reflexionando entre tembleque y tembleque uno también piensa acerca de la formación del profesorado. Ayer la deriva me llevó de nuevo a reflexionar acerca del INTEF. Sí, ese chiringuito donde se entra a dedo y a dedo se te ofrecen los cursos de formación para que los impartas como ponente. Es lo que tiene el trinque educativo y la necesidad de algunos de no volver a pisar el aula. Esto de los abandonos sine die empieza a oler a chamusquina porque, algunos de los que están ahí, llevan más tiempo fuera del aula que en ella. Saltimbanquis que, seguramente, ya tienen preparado el carnet de Ciudadanos para el futuro cambio de gobierno. Crápulas chaqueteros a los que les importa una mierda todo salvo su culo y su concepción de la educación consiste en el beneficio personal. Claro que hay excepciones y no puede generalizarse pero, al igual que el PP ha sido condenado como responsable civil subsidiario de corrupción, la supuesta corrupción del INTEF (en el acceso a trabajar ahí, cómo se ofrecen los cursos y a qué empresas se contratan) debería investigarse. Y ya no entro en el cómo. Bueno, podría entrar pero el mono me tiene bloqueadas determinadas capacidades. Un detalle... ¿por qué en ningún sitio se publican esos contratos con terceros para formar al profesorado? Lo de los datos que ceden a determinadas empresas también estaría interesante saberlos porque, esto de que te matricules a un curso de formación (y ahora ya no hablo del INTEF) y encuentres que pasan tus datos a Telefónica -que es quien ofrece el curso- creo que se pasa por el forro todas las leyes de protección de datos.
Lo de los discursos vacíos, edulcorados y difícilmente aplicables en el aula también resuena en cierta neurona que está intentando desactivarse completamente. Creo que la argumentación iba más allá de lo anterior pero, por lo visto, ha farfullado algo y se ha callado (quizás, por suerte, de forma permanente). Nada que, dado el mono, tengo muchos problemas de gestionar mis pensamientos. Lo de las emociones se lo dejo a algún coach de esos que sabe tanto de asesorar sobre el tema. Da igual que esté denunciado por maltrato a su mujer. Lo importante es que, al igual que hacen los curas hablando de matrimonio, tenga una oratoria potente y clientes border line. Se ha de ser muy estúpido para creer en ciertas cosas o la profesionalidad de algunos personajes. Imaginaos si cuesta porque, a pesar de estar en horas muy bajas, sigo sin creerme muchos de los cuentos que, día sí y al otro también, me cuentan acerca de mi profesión.
Un compañero me dijo ayer que me veía bastante demacrado en este final de curso. La verdad es que no es solo por una cuestión de cansancio, de esas dos horas más de clase que parece que nunca nos vayan a quitar o, simplemente, por ser un mal profesional incapaz de gestionar mis fuerzas. El problema principal viene de mi abstinencia de horchata. Algo que no tiene visos de solucionarse en breve. Y así tengo un problema... o cierro el blog o sigo soltando sandeces sin sentido. Optaré por lo segundo. Además, ¿creo que hay jurisprudencia acerca de la inocencia en decir ciertas cosas bajo el mono?
Un abrazo a todos pero, en especial, a aquellos que tienen el gen vacacional. A propósito, ¿dónde puede denunciarse a alguien que te prohíbe la horchata? Es para un amigo.
Jordi Martí publicó:"Me da la sensación que algunos pretenden dotar a la docencia de múltiples características que hacen, por desgracia, que algunos crean en su vertiente más mitológica. A mí me gusta dar clase pero, debo reconocer que sería mucho más feliz si no tuviera que "
Me da la sensación que algunos pretenden dotar a la docencia de múltiples características que hacen, por desgracia, que algunos crean en su vertiente más mitológica. A mí me gusta dar clase pero, debo reconocer que sería mucho más feliz si no tuviera que trabajar. Ya si eso nos cargamos de una puñetera vez eso de que el trabajo forja el espíritu o cualquiera de esas frases de autoayuda que, al final, lo único que encubren es la necesidad de justificar que cada vez se trabajen más horas en peores condiciones laborales. Claro que la docencia es una profesión mejor que otras. También puede ser peor. Y claro que todo el mundo puede dar clase. Otra cuestión es que tenga la capacidad para darla. Al igual que no a todo el mundo se le puede suponer capacidad para diseñar edificios, no todos están capacitados para ponerse delante de un grupo de alumnos. Ya si eso hablamos también de la imposibilidad, al menos en mi caso, de dar clase en Infantil o Primaria, por muchos motivos.
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Debo reconocer que me gusta la faceta vacacional de mi profesión. Ello no creo que me haga mejor ni peor profesional. Querer trabajar lo menos posible y ganar lo máximo (tanto a nivel económico como de tiempo) no me sube a los altares ni creo que me baje automáticamente al infierno. Otra cuestión es mi trabajo con los chavales. Quizás el único que debería ser valorado porque, sinceramente, que se valore ser un buen o mal docente por la cantidad de premios que se reciban, los materiales que realices, la cantidad de ponencias que das o recibes o, simplemente, el número de sábados y festivos que dedicas a tu profesión no es de recibo. Aclaro ya desde ahora que lo único que permite decir que uno es un buen docente es lo que sucede en el aula. No me vale otra cosa. Y como tengo claro lo anterior sé a qué debo dedicar mis esfuerzos y a qué no. Algo que no excluye usar como hobby ciertas cosas más o menos relacionadas con la profesión pero jamás por obligación.
Odio la burocracia educativa porque no tiene ningún efecto sobre la mejora del aprendizaje de nuestros alumnos. Me preocupa complicar lo innecesario como, poniendo el ejemplo más actual, el uso de determinadas metodologías o herramientas que, al final, lo único que hacen es añadir colorines o humo más o menos bonito a un aprendizaje que no mejoran. Me estoy convirtiendo en un descreído de muchas cosas pero, aún así, sigo probando buscando el milagro. Claro que los milagros no existen pero, ¿quién le impide a un friki trastear con cosas aunque sepa que más del 90% no van a servirle de nada?
Los docentes no somos seres mitológicos. Tenemos vida fuera del aula. Familia en muchos casos. Hacemos la compra, damos paseos y, a veces aunque con los precios a los que está cada vez menos, vamos al cine. Nos gusta leer, nos apetece más no trabajar que trabajar. Otra cuestión es que nos estén mediatizando la idea de que si uno no "innova" de una determinada manera, hace miles de cosas cara a la galería o, simplemente, está disponible a jornada completa para su profesión sea un mal docente. Pues va a ser que no. Eso sí, curiosamente, algunos compañeros van a justificar lo anterior porque deben tener muy poco claro en qué consiste su trabajo o, se deben creer que trabajan en una profesión que roza la divinidad.
Se huelen vacaciones. Y eso es algo que para un docente de aula tan necesitado de ellas, mola